Hoy compartimos una nueva entrada para conocer el origen etimológico de dos palabras que siempre están presente en nuestro ámbito como lo son «Banco» y «Bancarrota», en referencia a una entidad/institución financiera.

El térmico «Banco» viene del francés medieval «Banque», que a su vez deriva del italiano antiguo «Banca», y este último del antiguo alemán «Bank» , literalmente «una acumulación de algo», como por ejemplo: un banco de nubes, un montón de tierra o nieve, pero en lo que respecta a nosotros también tenía una connotación en el sentido de una especie de mesa («Asiento» o «Banco», en español) que se usaba desde la antigüedad para ejercer el trabajo bancario, en el sentido de una institución financiera, donde se intercambiaban monedas y/o se resguardaban otros bienes, usándolas como una especie de oficinas.

Las riquezas en forma de oro y otros metales valiosos tenían la desventaja de no poder tenerlas o cargarlas con ellos por el peligro de extravío o de que alguien se las robara, al menos que estuvieran bien ocultas y protegidas. Esto fue esencialmente lo que motivó el nacimiento de los «bancos» o la «banca comercial» como la conocemos hoy en día, pero algo curioso es que en la antigüedad los templos eran considerados como excelentes refugios protegidos en nombre del carácter sagrado, y por ser construcciones sólidas y resistentes, en donde era poco probable que llegaran los ladrones.

No podemos dejar de hablar de la palabra “bancarrota”, la cual tiene un muy interesante origen. Para entender la etimología de la palabra es necesario comprender que los comerciantes iban a las plazas de las ciudades más importantes, se sentaban en estos bancos que hablabamos anteriormente y mostraban su mercadería sobre una especie de mesa o mostrador «bancos», pero cuando  estos mercaderes caían en desdicha o tenían algún percance, motivo por el cual no podían cumplir sus obligaciones con sus acreedores, los juzgados de la época decretaban que su banco fuera roto, especialmente en aquellos casos en los que se detectaba mala fe o falta de honradez, y es allí de donde nace el vocablo «bancarrota».