El diccionario define a la numismática como la “ciencia que designa el estudio y coleccionismo de monedas y medallas”.

Con la profundización de las investigaciones históricas, arqueológicas y artísticas, de las cuales el estudio de las monedas y medallas forma parte importante, las academias y los institutos especializados de varios países resolvieron separar las materias y fue así que llegó a establecer tres disciplinas perfectamente diferenciadas: Numismática para todo lo que se relacione con monedas, Medallística para todo lo que se refiere a las medallas exclusivamente y Bonística para lo que trate de especies monetarias no metálicas y de formas diferentes de las moneda tradicional, es decir bonos, billetes, vales y emisiones similares.

Al referirse a medallas se habla muchas veces, erróneamente, de la numismática entrerriana, siendo que en realidad la numismática provincial  (de acuerdo con las definiciones mencionadas)  cuenta con solamente una pieza: el medio real de 1867.

La medallística provincial por el contrario, cuenta con centenares de medallas y ha alcanzado una gran importancia merced a la cantidad así como a la jerarquía artística de muchos de los grabadores de esas piezas.

Para 1867, año de la acuñación de la única moneda metálica entrerriana, nuestra provincia y en especial la ciudad de Concepción de Uruguay (capital de Entre Ríos por aquel entonces) atravesaban una época muy particular de su historia.

Desde 1864 hasta 1868 gobernó la provincia don José María Domínguez quien, con el apoyo de la tendencia de conciliación nacional que defendía Urquiza, había triunfado sobre la candidatura fuertemente localista y de abierta oposición a las autoridades nacionales de Ricardo López Jordán.

Graves sucesos de carácter internacional perturbaban a la marcha del País. En la Banda Oriental, gobernada por el partido Blanco (amigo y aliado de los federales argentinos) el general Veneancio Flores organizó una revolución para lo que había llegado a un acuerdo con el Brasil, creyéndose también que contaba  con el apoyo del presidente argentino Bartolomé Mitre.

La escuadra brasileña bombardeó Paysandú hasta destruirla, hecho que indignó grandemente a la mayoría de los entrerrianos. Muchos pedían intervenir directamente en favor de lso blancos. Leandro Gómez, el heroico defensor de Paysandú, se dirigió directamente a Urquiza diciéndole que sucumbía antes de entregar la ciudad, como en realidad sucedió.

Estos hechos y otros no menos graves desembocaron en la guerra del Paraguay, en la que nuestro país intervino en alianza con el Uruguay y el Brasil. El conflicto fue completamente impopular en Entre Ríos y auqnue los gobernantes entrerrianos no eran partidarios de la intervención armada, decidieron apoyarla por considerar que se trataba de una causa nacional.

En un clima de disconformismo y franca oposición comenzaron a reclutarse efectivos entrerrianos que finalmente en dos oportunidades (Basualdo y Toledo) se desbandaron en su casi totalidad. En Concepción del Uruguay, no obstante, se alistaron algunos efectivos que tuvieron heroico comportamiento en el campo de batalla.

En el orden local constituía un problema la cuestión de la capital de la provincia. En la época de la dominación española don Tomás de Rocamora había declarado capital a Gualeguay, designación que no tuvo importancia práctica alguna. El territorio tenía entonces una doble dependencia: Santa Fé y de Buenos Aires; ésta última, que abarcaba desde el río Gualeguay, hasta el Uruguay, tenía un Comandante General con asiento en Concepción del Uruguay. En 1814 el gobierno nacional creó la provincia de Entre Ríos y designó a Uruguay su capital, que siguió siéndolo (aunque en la práctica tampoco tuvo mucha transcendencia) hasta el año 1821.

Bajo el gobierno de Mansilla la provincia se organiza institucionalmente (1822) y se designa a Paraná como capital. Separada Buenos Aires de la confederación, el territorio provincial es federalizado desde 1854 a 1860, Paraná es declarada Capital de la Nación y Entre Ríos pierde prácticamente su existencia provincial.

Desfederalizada Entre Ríos en 1860, se aprueba la nueva constitución que declara nuevamente capital a Concepción del Uruguay, hasta que en 1883 una convención convocada por el gobernador Racedo declara nuevamente capital a Paraná.

En el aspecto económico los problemas no eran menores. Durante muchos años reinó en nuestro país una completa anarquía en lo que a la parte monetaria se refiere. Las provincia en casi su totalidad, emitían (por medio de los bancos e instituciones más o menos autorizadas a emitir papel moneda con poca o ninguna garantía). Los abusos en estas emisiones llevaron a un desprestigio total de la moneda nacional, que finalmente nadie quería aceptar los pesos y centavos argentinos y cualquier moneda extranjera especialmente los patacones y reales bolivianos era preferida para todas las transacciones.

Las monedas argentinas de plata (algunas de baja ley, emitidas por concesionarios particulares) iban a parar en su mayor parte a los talleres de los plateros, para ser transformadas en mates, bombillas, estribos, vainas y otros objetos.

A falta de cambio menos, las monedas de mayor valor eran divididas a simple golpe de martillo y (como es fácil imaginar) reinaba un completo caos en los valores y en las transacciones diarias.

A fines de 1853 se había creado el Banco Nacional de la Confederación, a establecerse en Paraná con sucursales en Santa Fé, Rosario y las capitales de las demás provincias, con autorización de emitir papel moneda. A principio de 1854 se instaló el Banco en Paraná y se autorizó a la vez la circulación de la moneda acuñada en Córdoba y la Rioja y los billetes emitidos en Corrientes. Al poco tiempo, los billetes (incluso los del Banco Nacional) se desvalorizaron en tal forma que se decretó primero su curso forzoso y luego, como el mal no se remediara, en septiembre de 1854 se dispuso la clausura de la institución.

En 1855, a fin de normalizar la situación monetaria, se dispone que serán moneda corriente de la confederación las onzas de oro y monedas de plata no solamente de los países americanos (Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Nueva Grenada, México, Centro América, Estados Unidos) sino también las monedas de España y otros países europeos (Inglaterra, Francia, Bélgica) asignándose a cada tipo su respectivo equivalente. Quedó así como numerario corriente en el país pura moneda metálica y mayormente extranjera, pero casi de inmediato se autorizó nuevamente la emisión de billetes de distintas denominaciones.

Posteriormente se aprobaron contratos con distintas bancas extranjeras (entre ellas las conocidas casas Mauá y Cia. Y Trouvé, Chauvel y Dubois) para la instalación de bancos de depósito, descuentos y emisión que, aunque prestaron algunos servicios, no lo hicieron en le medida esperada.

Al realizarse la Unión Nacional en 1860, la provincia recobra su autonomía y constituidos los poderes se encaran de inmediato, entre otros problemas, el de la escasez de monedas y falta de bancos. Se autoriza entonces al Poder Ejecutivo para contraer empréstitos y crear las instituciones bancarias necesarias, pero la grave situación política que lleva a Pavón impide el cumplimiento de esas leyes. Muchos comerciantes de la provincia, ante la escasez de circulante, forman sociedades de cambio y emiten nuevamente billetes que llegan a circular ampliamente.

A comienzos de 1863, Urquiza y un grupo de colaboradores y fuertes comerciantes de Concepción del Uruguay resuelvan la creación del Banco Entrerriano que, entre otras funciones, emitirá también papel moneda. Pocos meses después, el Banco Entrerriano tiene sucursales en Concordia y en Victoria y llega a ser el más importante en la Provincia.

Pero la escasez de circulante continúa y la carencia de un tipo legal único en la provincia fomenta el establecimiento de nuevos bancos de emisión. Entre 1866 y 1867 se aprueba la creación e instalación de numerosas casas bancarias, todas las cuales emiten billetes, entre ellas el Banco de Paraná, el Banco Argentino de Rosario (que abre sucursales y agencias en Paraná, Concordia, Federación, Diamante, Nogoyá y Victoria), el Banco del Comercio de Gualeguaychú, Oxandaburu y Garbino, J. Benitez & Cía., el Banco del Río de la Plata de Buenos Aires (con casas en Uruguay, Paraná, Gualeguay y la Paz), el Banco Comercial de Santa Fe y otros.

Como es natural, tantas emisiones (muchas de ellas realizadas en moneda extranjera, especialmente boliviana) no hacían más que ensombrecer el panorama monetario de la provincia y es entonces cuando una medida privada del general Urquiza alcanza (pese a las razones y necesidades particulares que la dictan) una trascendencia que no hará sino aumentar con los años.

A principios de 1867 había llegado a Concepción del Uruguay, después de varios años de intensa actividad de Buenos Aires, el destacado grabador siciliano Pablo Cataldi y habiendo pedido ayuda al general Urquiza (a quien conocía de tiempo atrás ya que Cataldi había acuñado la hermosa medalla del Pacto de Unión de 1860 con que Urquiza había obsequiado a autoridades y amigos) el prócer le fija una extensión de campo cercana al Palacio San José, donde el artista habrá de alternar su trabajo de eximio platero y grabador con el oficio de fabricante de quesos y otros productos lácteos.

Medio Circulante

 

Valor: 1/2 Real – Año: 1867 – Metal: Plata – Peso: 1,1 gr – Módulo: 13,3 mm – Canto: Liso – Grabador: Pablo Cataldi

A poco de su instalación, el general Urquiza le encargará la acuñación (en reducida cantidad) de una pequeña moneda destinada a Circular en San José, centro de un extraordinario movimiento mercantil, para paliar la escasez de cambio menor. Y es así que el notable artista Cataldi confecciona esa hermosa moneda de plata que ha llegado a ser una codiciada pieza de la numismática: el medio real de 1867.





En una época en que la mayoría de las emisiones eran de papel sin respaldo seguro, Urquiza pone en circulación una moneda de plata que (aunque no está autorizada por ley oficial alguna, ya que se trata de una medida particular) es aceptada indiscutiblemente no sólo en las  inmediaciones del Palacio sino en toda la provincia, no solamente por el valor intrínseco del noble metal en que está acuñado sino también por el respaldo que significa la solvencia del material y el prestigio de Urquiza. Incluso contemporáneamente llegó a alcanzar mucho mayor valor que el nominal y un aviso publicado en el diario uruguayense “El Uruguay” el 23 de Junio de 1868 por el mismo Cataldi (de cuya apasionante biografía habrá que ocuparse por separado) señala claramente “… Advertencia: se previene que las moneditas que se venden a dos reales, en la sola localidad de San José valen un medio…”. Resulta sintomático el hecho de que al año siguiente de su puesta en circulación, el medio real valiera en Concepción del Uruguay cuatro veces más su valor facial.

Con los mismo troqueles, combinándolos de varias maneras, Cataldi confeccionó decenas de piecitas de fantasía en plata y oro: gemelos, botones de pechera y chaleco, medallas de bautismo y hasta caprichosos “premios a la aplicación”, en los que una de las caras ostenta el anverso o el reverso del “realito entrerriano”, como le han dado en llamar los coleccionistas y estudioso. Piezas hoy sumamente raras y buscadas, algunas ya señalan la alteración de las facultades mentales del artista, que terminó trágicamente sus día en Buenos Aires en 1882.

La acuñación del “Medio Real Circulante en San José”, la única moneda metálica emitida en Entre Ríos, es no obstante la pequeñez material de la pieza (un diminuto disco de plata de trece milímetros de diámetro con un peso de menos de un gramo…) un hecho de extraordinaria significación no solamente para la numismática en general sino en especial para la historia de nuestra provincia.